Cambio de observador: cuando algo empieza a verse distinto

Hay momentos en los que algo cambia sin que haya cambiado nada.

La situación sigue siendo la misma. Las personas involucradas son las mismas. Lo que ocurrió no puede modificarse. Incluso aquello que sentimos puede seguir estando ahí.

Pero empezamos a verlo de otra manera.

En coaching ontológico hablamos de cambio de observador. Es uno de los conceptos centrales de la disciplina y, aunque puede parecer complejo, parte de una idea bastante sencilla: frente a una misma situación no todos vemos lo mismo ni encontramos las mismas posibilidades.

No observamos la realidad como una cámara que simplemente registra lo que tiene delante. Observamos desde nuestra historia, nuestras experiencias, nuestras creencias, nuestras emociones, nuestra corporalidad y las distinciones que fuimos incorporando a lo largo de nuestra vida.

Por eso cambiar de observador no significa encontrar finalmente la manera correcta de mirar algo.

Significa poder observar algo que hasta ese momento no estábamos viendo, o empezar a mirar de otra manera algo que ya estaba delante nuestro.

Cuando la situación no cambia, pero algo cambia

Pensemos en una persona que quiere ser aceptada por alguien.

Puede preguntarse qué debería hacer para agradarle, por qué la otra persona no la acepta, qué está haciendo mal o qué podría cambiar para conseguirlo.

Hasta que en algún momento aparece una distinción bastante sencilla:

No depende de mí que el otro me acepte.

Probablemente ya lo sabía. Si alguien se lo hubiese preguntado antes, seguramente habría respondido que sí, que por supuesto que no puede obligar a nadie a aceptarla.

Entonces, ¿qué cambió?

No incorporó necesariamente información nueva. Lo que ocurrió es que algo que sabía adquirió otra relevancia dentro de la situación que estaba viviendo.

Y desde ahí puede aparecer otra pregunta:

Si la decisión del otro no depende de mí, ¿qué sí depende de mí?

Puede pedir algo que nunca pidió. Puede decidir alejarse. Puede empezar a preguntarse por qué necesita tanto esa aceptación. Puede no saber todavía qué hacer.

El cambio de observador no ofrece una respuesta correcta.

Abre un espacio que antes quizás no estaba disponible.

A veces darse cuenta es hacer foco

No todos los cambios aparecen como una gran revelación.

Muchas veces sabemos bastante más de lo que creemos sobre aquello que nos sucede.

El problema es que ese saber está mezclado con muchas otras cosas.

“Sé que esto me pasa, pero también tengo miedo.”

“Sé que debería tomar una decisión, pero no sé qué consecuencias tendría.”

“Sé que esto tiene que ver conmigo, pero también está lo que hizo el otro.”

Una cuestión se mezcla con otra, después con una emoción, después con una consecuencia posible, después con algo que ocurrió hace tiempo. Todo aparece al mismo tiempo.

A veces una conversación permite detener ese movimiento y hacer foco.

Tomar una de esas cuestiones y observarla por un momento sin intentar resolver simultáneamente todo lo demás.

Y entonces puede aparecer algo como:

“Esto ya lo sabía. Pero nunca me había detenido realmente a mirarlo así.”

No necesariamente hubo un descubrimiento. Quizás simplemente se despejó algo que estaba cubierto por demasiadas variables al mismo tiempo.

Distinguir también puede modificar nuestra manera de observar.

No todos los cambios tienen la misma profundidad

Una persona puede darse cuenta de que estaba poniendo en manos de otro algo que en realidad dependía de ella.

Otra puede ir un poco más allá y preguntarse:

¿Por qué necesito tanto que esta persona me acepte?

Las dos observaciones son válidas.

La segunda puede abrir una exploración más profunda sobre su historia, sus creencias, sus vínculos o la manera en que construyó determinadas expectativas. Pero eso no convierte a la primera en un cambio menor o insuficiente.

El coaching no debería transformarse en una competencia por llegar a la revelación más profunda.

Cada persona observa lo que puede observar en ese momento y desde el lugar en el que se encuentra.

A veces un darse cuenta aparentemente pequeño abre después algo mucho más grande.

El cambio puede ocurrir después de la conversación

Una sesión de coaching dura aproximadamente cincuenta minutos. Un proceso, en cambio, continúa fuera de esos cincuenta minutos.

Puede ocurrir que una persona termine un encuentro sin una conclusión particularmente clara.

Algo quedó dando vueltas.

Durante los días siguientes vuelve a pensarlo. Vive una situación relacionada, escucha algo, conversa con alguien o simplemente conecta elementos que antes aparecían separados.

Y entonces aparece:

“Ahora entiendo.”

Por eso sería difícil medir una conversación solamente por lo que ocurrió mientras coach y cliente estaban hablando.

El cambio de observador no es un resultado que el coach deba producir antes de que termine el encuentro.

Tampoco es algo que pueda evaluar desde afuera.

Puede preguntar qué está viendo la persona, qué apareció durante la conversación o si algo cambió respecto del comienzo. Pero no debería decidir que aquello que el otro encontró fue mucho, poco, profundo o insuficiente.

Hacerlo sería imponerle justamente otro observador: el suyo.

Darse cuenta no es transformar

Hay otra distinción importante.

Comprender algo no significa haberlo transformado.

Una persona puede comprender perfectamente que no necesita la aprobación de alguien y seguir sufriendo cuando esa aprobación no llega.

Puede darse cuenta de que determinada expectativa no es realmente propia y, sin embargo, no estar preparada todavía para abandonarla.

Puede descubrir por qué reacciona de determinada manera y volver a reaccionar exactamente igual la semana siguiente.

El cambio de observador es un darse cuenta.

A veces pequeño. A veces profundo. A veces inmediato. A veces aparece varios días después.

Lo que hacemos con aquello que empezamos a ver pertenece a otro momento del proceso.

Porque una cosa es comprender algo.

Otra, bastante distinta, es empezar a vivir desde esa nueva comprensión.

Y quizás ahí aparezca una de las preguntas más interesantes que puede dejarnos el cambio de observador:

¿Cuántas cosas de nuestra vida creemos que son de una determinada manera simplemente porque todavía no encontramos otra forma de mirarlas?

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UNA MIRADA NUEVA NO SIEMPRE CAMBIA LO QUE PASA. PUEDE CAMBIAR LO QUE EMPEZAMOS A HACER CON ESO.

En el blog seguimos pensando los quiebres, las conversaciones y las formas en que interpretamos lo que vivimos.

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